Monday, February 25, 2013

ATANASIO


El sábado fui de nuevo, luego de muchos años y dudas, al estadio. Digamos que las cosas se dieron, que tenía antojo de tumulto y gritos y putiadas a grito herido. Y un poco fue así, al menos no por mí parte.
A grandes rasgos diré que fui con Fede a occidental, con unas boletas que él tenía de cuenta del equipo. Entramos a esa extraña inmensidad del Atanasio por una puerta para las cortesías y nos sentamos muy juiciosos, después de un par de cervezas, a ver el partido, a unos 5 metros de Sur.
La barra, Los del Sur, con sus cánticos a lo argento, rayando lo aburrido por lo monótona, no paró de animar el equipo y yo, con mi usual manera de ver las cosas y ese vicio de suponerme otro, pensé todo el partido que si fuera delantero del verde los odiaría, solo por no dejarme concentrar.
Casi se pierde el partido, y yo, entre aterrado y triste, no podía creer que mi racha de nunca verlos perder, esa que me convenció -muy en el fondo- de volver, se iba a romper. Al final, faltando diez minutos, un cabezazo salvador puso las cosas en orden.
No estuvo mal volver, lo confieso, dejar la pantalla y los marcadores por aplicaciones de android y el HD y esas cosas. Estuve lejos del estadio por años porque pasaron cosas que me hicieron tomarle terror, porque el hincha furibundo puede ser todo un animal cuando se lo propone y no se necesita más que una chispa de estupidez para hacer del espectáculo una debacle.
Sé que hablo de fútbol en twitter con frecuencia, y de tenis, y de básquet y de mil cosas más que para muchos son insoportables. Y sin embargo, a pesar del empate, de la bronca que me da ver esa barra copiar de manera desvergonzada algo que no les pertenece, de los adolescentes que descargan su ira de una vida de mierda gritándole al árbitro -dicho sea de paso, todo un cabrón el que nos tocó ese día- lo disfruté como cuando era chico, e iba con mi viejo a reír, a gritar, a llorar. Lo disfruté y me alegra no estar aun inundado por esa terquedad que da la vida a ratos cuando leemos y nos educamos y queremos ser profundos porque nos llama la atención eso de serlo, de poder hablar de muchas cosas, de poder discutir sobre cosas que, realmente, a pocos les importan. 
Quiero seguir siendo humano, esa es la razón de mi filia con los deportes, y lo redescubrí el sábado a la noche, en el Atanasio.






Crédito: CEET Fotógrafo: JOHAN LOPEZ