Monday, September 27, 2010

Focus

Otro texto de la prehistoria... ojalá les guste.




Un fuego de colección o una colección de fuegos, da igual. Lo deseo más de lo que se puede desear a una mujer que no se puede tener, más que agarrar el tiempo con las manos; pero para eso necesito unas manos para agarrar tiempo, y las que tengo a duras penas me alcanzan la cajetilla. Y no es que desee el fuego porque no tenga candela y estoy que me fumo, no. Lo necesito como en otras líneas fue un eternizador de una voluntad inventada o colocada allí como diversión de algún lector desprevenido. Aunque debo admitir que un cigarro calmaría las ansias de pirómano en el encierro, de ver a Tori con el maquillaje corrido, en la ventana; y sus manos... ¿Tendrá ella manos para agarrar tiempo? Tiene manos que inician incendios, manos que incitan a la colección de fuegos o al fuego de colección. Manos para tocar blanco y negro, o solo blanco en caso de nihilista naturalidad, o solo negro en obsesión de pentafonía oriental en boca de occidente. Fuegos fatuos ¿Y si quiero un fuego fatuo? ¿Necesito un muerto? ¿Será requisito que lo mate yo? no quiero una colección a medias, y si de ello depende pues habrá que buscar una solución (fuego eterno, fuego revelador de runas, tal vez una mala copia en oro de imitación no pase la prueba, pero ¿Que importa?) (Círculos concéntricos de fuego, y ella en el medio ¿Y si la eternizo? Cierro los círculos y ella desaparece de en medio. ¿Brujería? no, demasiada imaginación y gasto inútil de papel rayado, falta de candela talvez o de Ritalín.)

Salgo de la habitación y tomo el ascensor. Siete segundos y medio, no está mal, pero comparado con la sensación post-freno-en-sótano prefiero las escaleras. Baby don't you want me to love you, I'm coming down fast but I'm miles above you. Paul se las traía cuando no dejo a John cantarla. Hoy no, hoy no voy a contar los pasos hasta el cafetín. A fin de cuentas siempre son los mismos y lo que importa es la niña que atiende y siempre está un paso más allá y más a la derecha. ¿Cigarros? no, no... gracias, ya los tengo, pero me conocés bien; y no te riás así que ahorita vuelvo al ascensor y el mareo me va a borrar tu sonrisa. Dame un expresso más bien y prestáme la candela. ¿Perdido? ¿Yo? no... bueno, algo. Pero todavía no has cambiado el color del cielo-raso. (Chupada al cigarro) Si, si... yo se que vos me vas a enterrar, a fin de cuentas sos 10 años menor y solo te chupás el humo de los clientes y el mío. Yo en cambio carburo más de 25 en el día. Chau... si, yo vuelvo en esto.

Ahora que lo pienso la sensación de ascenso es menos dolorosa, pero la frenada es una mierda. (¿Y si la puerta no se abre? ¿Y si el ascensor se atasca y la fricción rompe los cables? ¿Y si caigo estos nueve pisos y el que se eterniza soy yo? Demasiado tarde, ya estoy en mi sofá ¿Habría explotado en la caída? A lo mejor; en las películas todo explota, y tal vez hasta hubiera logrado salir de entre el acero retorcido. Lo malo es que si muero no podría coleccionar el fuego de la explosión, que se vería bonito entre la puerta del cuarto y la de la cocina. Además tiraría esa vieja imitación de surrealismo que cuelga de dos enormes clavos.

Cuantos van, uno en el café, otro aquí… ¿dos? Se supone, pero siento la necesidad de otra docena. Debería cambiar de marca o fumar tabaco… bueno no sé (Fuego de tabaco, buen punto; otro más en la lista).

Anna, fuego de Anna o Anna en fuego, su expresso en llamas y la candela en su mano, de mala gana, porque no me quiere enterrar. A lo mejor hasta no le doy el gusto y me largo, pero serían muchos fuegos menos. Más bien me quedo, que si no me entierra ella no lo hace nadie. Así ella se queda con mis fuegos y mi fuego fatuo. Con todos menos con mis tabacos. Paso por el fuego del ocaso, que abraza sin quemar, o quemando solo la retina. Luego el fuego de noche y las llamas nocturnas me hacen pensar en un sin fin de fuegos tontos, de esos que se consiguen a la vuelta de la esquina. Siete en punto, corro, sin bañarme, sin cambiarme de ropa y luego de no sé cuantos cigarros en una noche de insomnio concebido antes del tiempo mismo. Bajo el ascensor. 20 segundo. Una parada en el medio, piso 4, buenos días, muy bien, gracias, permiso, hasta luego. Los pasos de siempre, la acera de siempre. Entró dispuesto a quemarme las manos con Anna y solo encuentro otra niña, una niña sin fuego. Compro una candela y un poco mareado por el ascenso llego a mi apartamento. Hoy, si no era hoy no era. Tomo una botella de alcohol del baño y rocío el apartamento. Fuego eternizador, eternizá mi cobardía, que si no es con Anna con quien me queme no será con nadie. Lo juro. Prendo el sofá y me siento en mi cuarto a esperar a ver si me arrepiento. Fuego de fuego, en este no había pensado.