Sunday, November 18, 2007

Uno... Dos...

Dos textos que datan de 2002/2003...


Uno

Doy la vuelta de nuevo al camino de piedra dando zancadas y saltos desprevenidamente. Camino entre los copos de árbol que llenan el aire de densa dulzura. El árbol que los produce muere despacio, y renacerá en otra época, o morirá para siempre lenta y épicamente luego de llenar el aire de algodón de sus entrañas. Entro en el arco y salgo del otro lado a quemarme de nuevo con un sol de otros que me hiere. Una ella está allí sentada con las piernas cruzadas. Paso de largo. Pienso que vos te ves mejor así porque se que no lo haces por defenderte, porque se que no le temes a lo que sale del arco. Tengo algo que hacer. Cruzo el puente y esquivo los autos desde arriba. Me imagino proyectado al infinito luego de un choque entre mi microscópico peso y las toneladas de un bus. Imagino mi cuerpo hundido y el bus intacto, y las caras de espanto de los pasajeros de hoy, y la indiferencia ante la ignorancia de los de mañana. Limpio el charco con un dedo y me tuesto al sol. El bus se detiene. Empero es un barbarismo. Faltan siete días. Pago y tomo asiento frente a la puerta de atrás. Una ella se para junto a mí con el ombligo desnudo y una bolsa en la mano. Las primeras cuadras la ignoro. Luego de un rato de mirar el frente toco sutilmente su pierna para obligarla a mirarme. Me mira y me entiende. Extiendo mis manos y recibiendo el paquete miro de nuevo al frente. Paso a media cuadra de su casa, lector, luego por el hospital. El bus se sacude y ella golpea mi hombro con su cuerpo. Las siguientes cuadras me divierto con su lascivo disimulo de humedad sobre mi hombro, suponiendo que sos vos y no una extraña. Me quita la bolsa y se sienta en frente. Sabe que yo lo sé y me mira de reojo y sonríe. Compartimos ambos el secreto del deseo pasajero y el morbo de la satisfacción no concluida. Aquí me bajo. En una cuadra ya no me extrañara y yo la cambiaré por otra imagen. Y tú, tú tendrás de nuevo tu cuerpo, no uno supuesto o encontrado por error, necesidad o hambre de contacto.

Dos

Me cuelgo del colchón y salto del borde de la cama para aterrizar por accidente en el pie izquierdo sobre la fría baldosa color hueso. Mi ángel de la guarda duerme aún entre las sabanas y espera que me reúna de nuevo con ella en unos minutos cuando el adormecimiento y la sonsera de la madrugada desaparezcan, pero no lo haré. Pienso obligarla a seguirme, a que no me deje solo de nuevo. Aún cuando deje las alas en el closet junto a mi chaqueta quiero que esté conmigo. Cuento mis huesos a través de mi carne y me cercioro que esta noche nadie haya venido a robarme. Hace unos días perdí una costilla, pero también hace unos días que tengo ángel de la guarda, y aunque es como yo no se me parece. Me siento en el borde y busco bajo las sabanas sus diferencias. Ríe, pero no como yo. Respira, pero en otro plano, más allá del acto de tomar oxigeno, cerca del techo junto al placer y el ventilador. Últimamente me he dejado tentar, lo acepto, y antes de dejar del todo la cama termino en el techo, junto al ventilador, junto a ella, y completo sus diferencias con las mías. Luego vuelvo a ser yo, y mi ángel ríe. Durante el día hago todo lo que siempre he hecho con un matiz claroscuro; ahora igual que ayer, ahora igual que ésta mañana, igual pero con vos, igual pero distinto, en otro lugar y en otras circunstancias. Después, al final del día, vuelvo a casa a reír con mi ángel. Y aunque se que en la mañana sus alas están en el closet, mientras yo no esté está en libertad de ser ángel de otro, como yo soy ángel tuyo en la oficina, durante esa eternidad que dura entre el alba y el ocaso.

No comments: