Sunday, July 15, 2007

Apartes de la novela

Este texto pertenece a uno mucho más extenso, pero quiero pornerlo porque se sostiene solo...

La sala a oscuras y la necesidad de la pupila de acomodarse lenta pero efectivamente se develan como misteriosos entresijos que el cine impone para disfrutarlo. Son las 8:40 y la película casi empieza. Los créditos iniciales que invitan a no poner los pies sobre la silla de enfrente, la publicidad cada vez más decadente de Cine Colombia y el ruido de las personas que tropiezan en la oscuridad por no haber entrado antes a la sala completan la atmósfera. Sonia no tenía que trabajar. Y lo peor es que él se torturó un par de veces por eso. En medio de la conversación ella terminó confesándole que no tenía trabajo ese día, y que había pasado por allí porque vive un poco más arriba, y venía de una reunión de la universidad. A eso de las siete la invitó a ver una película, no sabe por qué; incluso no recuerda muy bien el momento en que lo hizo, la hora no es más que un calculo aproximado. Ahora están sentados en medio de una sala a oscuras, con unos cuantos desconocidos a su alrededor y sin crispetas o gaseosa o lo que sea que traen los combos de cine. Extrañamente la oscuridad trae consigo circunstancias insólitas, tensiones insoportables si no estuviese en la pantalla la razón por la que se va a cine. Él observa con atención los créditos inicial, la dirección y los protagonistas, mientras trata de mantener clara la mente y despejar su lado derecho de sensaciones que le distraigan. Pero entonces lo temido, el contacto tenue y dulce de su mano que se descuelga desprevenida y siente el calor de unas piernas envueltas en pantalones ceñidos, y su mano que a pesar de la propia imposición no puede evitar una breve recorrido con la punta de los dedos por un par de centímetros, para volver lentamente a su posición inicial. Está nervioso, y no quiere que ella lo note, pero antes de que cualquier otra cavilación vuelva siente la respuesta a su acción arriesgada como una recompensa, un roce casi imperceptible que lo hace estremecer notoriamente. No quiere girar, no quiere perder el hilo de la película un segundo, pero cede de nuevo al deseo y vuelve su rostro hacia el de ella. Ella parece no inmutarse por un instante, pero una leve sonrisa empieza a dibujarse en la comisura de sus labios; en un eterno segundo gira su rostro hacia el de él y es otra vez esa sonrisa que el adora, que le trastorna. No lo duda, ni siquiera un segundo; toma su mano en la oscuridad del cine y vuelve de nuevo la vista a la pantalla.

3 comments:

Beat said...

Está bastante chévere el texto. Es una situación con la que cualquier cinéfilo enamoradizo se identifica. A propósito, es perfecto que al final regresen su vista a la pantalla.

JuanKlee said...

q buena forma de describir...gusta.

gracias por visitarme..
estaré pasando por aquí

La Encargada said...

jejeje excelente...