Tuesday, June 05, 2007

Ella (o las dualidades)

Un cuento viejo...



He entrado en la penumbra del bar en busca de una cerveza. Y no es que haga calor ni mucho menos, pero la temperatura baja no me va a obligar a tomar café, porque el medico me lo ha prohibido. Creo que el licor también, pero tengo la esperanza que haya menos licor en esta cerveza que cafeína en lo que normalmente pido, un expreso.

La visión de las cosas, según veo, depende de tantos factores…

Ella está frente a él en silencio, mientras éste habla sin parar de tantas y tantas cosas. Y aún cuando su cuerpo sigue ahí puedo ver como se levanta y se sienta sola en la barra. Y aunque sé que toma vino junto a él puedo verla en la barra zampándose un vodka del tamaño del mundo. Hay distancias que guardan caricias, y lugares de pocos senderos, dice Pedro Guerra. Se me antoja un juego, pero no puedo evitarlo.

Está calmada, escuchándolo hablar de no sé que cuadro que vio en Berlín hace un par de meses, de un expresionista. Lo escucho pronunciar tan mal el nombre que prefiero no decir quien es por respeto. La manía de los yupis por pronunciarlo todo en ingles.

No lo mira, lo sé. Casi estoy seguro que ve más allá, como si fijara la mirada en un punto fijo justo detrás de su cabeza, tal vez en el afiche de Woody Allen o que sé yo.

Aún cuando puedo verla sentada allí en la mesa necesito girar la cabeza para mirarla mejor en la barra. Creo que llora. Y entre suspiro y suspiro toma otro trago de vodka y se seca las lágrimas con la manga de esa camisa azul tan cara y tan bonita. Y me hace gracia que en el mismo instante que toma ese trago tan hondo y tan amargo de vodka veo con el rabillo del ojo como en la mesa sonríe de manera falsa y brinda por el expresionismo alemán con su copa de vino caro.

En la barra juguetea con una caja de fósforos medio vacía, con la mano izquierda. Con la mano derecha trata de forma a ese mechón de cabello castaño que cae sobre su frente. Sus pies siguen el compás de A night in Tunisia, y sé que piensa que en la barra se está mejor.

Después de un silencio sobrecogedor él anuncia su partida. Se despiden de un beso y mientras él camina hacia la salida ella toma sus cosas y se sienta en la barra, en el lugar de la chica del vodka.

No sé lo que hago, ni por qué, pero salto inmediatamente de mi mesa y me plato junto a ella. La veo pedir un vodka y no lo creo.

Luego de su segundo vodka iniciamos una conversación que desemboca primero en Woody Allen y un poco después, inevitablemente, en el expresionismo alemán.
Y quiero creer que está allí, sentada conmigo. Pero casi puedo verla con el rabillo del ojo en la misma mesa de hace un rato, sola, con la copa de vino en la mano.

7 comments:

Ana Tascón said...

*snif*

Me encantó!

La Encargada said...

Ehh qué bueno volver a leer cuentos tuyos.. Ya hacía falta!!! Péguese la pasadita por mi blog. O sos visitante invisible? Me hace el favor y deja comentario pues!!! Que se sepa que todavía respiras (si las enfermedades te dejan pues)
Chao

Beat said...

Mucha soledad la de las personas. Pero bueno, también ahí está la clave de la plenitud.
Saludos.
(Jeje, expresionismo alemán...ésos yuppies aberraciones cochinas )

Apo said...

Muy, muy lindo relato. No sé porqué, pero me hizo acordar a la película "Amélie".
Saludos!

Ángel de Jean Lunar said...

Que hermoso Fer, este tipo de cuentos me fascinan.

Julibelula said...

Me quedó un agujerito en el corazón... hace rato que no leía algo tan bueno

Bosque de Pinos said...

ahhh!!

gracias a todos, tan bonitos...

:D