Tuesday, March 27, 2007



Entonces, de nuevo, uno se pregunta que tienen que ver todas las canciones con mi blog... bueno, estados de ánimo, siempre, cosa que no se puede evitar...








A pique
(Juan Quintero)

Qué cosa que de repente
se me ha ido el suelo
y está el vacío esperándome...
Nada me puede atajar,
nada firme adelante mío;
no es que me caiga,
se me ha ido el suelo
y lo voy a seguir.

No te asustes, no,
no te asustes si ves
que como respaldo lo tengo al viento
y no queda nada bajo mis pies.
Me voy a pique nomás,
y aunque rompa el aire de un tajo,
no es que me caiga,
es que voy pa' abajo
a buscar el fondo de lo que soy
de una buena vez.

No me llores, no,
ya he de venir
voy a encontrarme con mi suerte,
buscando lejos de todo lugar
hasta lejos de mí.
De lo más hondo te quiero pedir.

A gatas abro los ojos de tanto miedo,
no hay asidero que pueda ver,
bajo zumbando nomás
No hay abrazo ni soledad
donde me he metido nada se ve,
y hay que seguir.

No te asustes, no,
no te asustes si ves
que no quedan voces al lado mío
que me hagan bulla y me hagan reír,
nadie se puede acercar...
Pero, hermano,
no hay soledad donde me he metido
me arenga el aire con su silbido
y me da su mano para seguir.

No me ayudes, no,
ya he de venir,
Voy a encontrarme con mi suerte
buscando lejos de todo lugar lejos de mi...
de lo más hondo te quiero pedir.

Sunday, March 18, 2007

Lunar Crush



“Fuze” Fiuczynski y Medeski de divierten un poco…



La primera vez que supe de la existencia de ambos -David Fiuczynski y John Medeski- estaba en circunstancias poco afortunadas para con su música. No siempre las cosas llegan cuando deben, o de la forma que deben, y en ambas circunstancias la cosa fue atropellada, torpe.
Cuando me aproximé a la música de Fiuczynski vivía en Bogotá, y trataba de creer que se podían hacer cosas interesante con la guitarra eléctrica sin la pretensión del virtuosismo monótono rockero de los años ochentas, y al tiempo usando a West Montgomery, a Mike Stern, a Allan Holdsworth y mil guitarristas de muchas épocas más como referentes. No era no querer tocar así, era más bien querer hacer algo más allá. El disco me llegó de manos de mi compañero de apartamento y terminé escuchándolo unas tres veces diarias. Algo en su estilo, en su guitarra fretless, en el uso del fuzz, en el ensamble con Jojo Mayer, batería en su banda Screaming Headless Torsos, me daba escalofríos (de ahora en más SHT para no extender…). Supongo que era demasiado para mí en esa época, pero no podía dejar de escucharlo.
Con John Medeski simplemente fue demasiado tonto. Jamás en la vida lo había escuchado, eterno problema de nacer en un país lejano a la cultura jazzy, hasta que un día, en un paseo nocturno por la calle Corrientes en Buenos Aires, choque accidentalmente con un amigo del instituto de música que me hizo ver un cartel pegado en las puertas del teatro Gran Rex: Medeski, Martin and Wood, En vivo. Camilo, mi compañero de la clase de Armonía en el instituto, iba para allá. Prometió prestarme un par de discos esa semana, entre ellos Notes From The Underground, primer trabajo del trío, de 1992. Nuevo choque, como con Fiuczynski, a mis cimientos musicales. Era simplemente mejor de lo que esperaba.
En medio de la investigación que suponen dos choques de ese tipo en menos de un año encontré un disco que me obsesioné en conseguir: Lunar Crush, con David Fiuczynski en la guitarra y John Medeski en el órgano, y una base sólida formada por Jojo Mayer en la batería y el bajista Fima Ephron, ambos de SHT, el baterista alterno Gene Lake (posterior bateria de SHT) y los vocalistas Michelle Johnson y Gloria Tropp. Una descarga de funk y energía que es difícil de asimilar si uno aún cree que se puede andar con sigilo por los sinuosos caminos de la exploración del jazz y la electrónica.
Medeski nació en Louisville, Kentucky, en 1965, y comenzó su educación en el piano a la edad de 5 años, teniendo contacto jazzistico desde muy joven con Mark Murphy y Jaco Pastorius; desde 1983 estudió en el New England en Boston y desde entonces ha tenido una inmensa carrera dentro del genero, desde su acompañamiento a John Scofield en varios discos hasta ser reconocido como una de las imágenes de jazz funk con su trío.
Fiuczynski, profesor de tiempo completo de Berkeley nacido en 1964, va por un lado un poco extraño. Siempre se ha dicho de él que es un guitarrista de jazz, pero se ha pasado su vida entera diciendo que es un tipo que no quiere tocar solo jazz. Su improvisación lo demuestra. Es un guitarrista con un sonido fuerte, funky, sofisticado en el espectro del blues, con una clara influencia de Hendrix y con recursos técnicos y tecnológicos que aventajan al promedio de los guitarristas (razón por la que ha sido portada en numerosas ocasiones de Guitar Player y Guitar World, revistas especializadas). Ha pasado a co-liderar, junto con el saxo tenor Greg Wall un movimiento nacido en la zona de Manhattan, un grupo experimental de música Kresmel, Hasidic New Wave, basado en los cánticos y danzas judías tradicionales.
¿Qué sucede cuando unes a ambos músicos en un estudio de grabación con una sólida base rítmica y dos de los vocalistas experimentales más mencionados del momento?
Una completa locura.




Y no es solo el virtuosismo de los músicos lo que exalta el resultado, sino el camino que transcurre desde inicios del álbum. La apertura del Wurlitzer y la consiguiente entrada de la batería en Vog, la primera canción, da la impresión de enfrentar un disco muy Stevie Wonder, lleno de energía funk, pero la trama se hace espesa cada segundo; el B3 y la guitarra con wah acentúan la sensación de densidad, y la melodía aparece con una extraña mezcla de influencias, armonizaciones contemporáneas y libertades que se reconocen en los dos grupos, en SHT y en el trío. Sin embargo, el aporte de uno y otro rebasa ambas bandas y el sonido del disco se potencia apoyando el de cada solista en el otro.




La fuerza emotiva y armónica del disco desbordó en cantidad de elogios de la prensa especializada, catalogando el disco como el renacimiento del género, perdido en algún momento muchos años atrás sin que se creyera posible revivirlo sin caer en clichés.
El aporte de Michelle Johnson y Gloria Tropp en las voces de algunos de los temas amplía el valor explorador del disco, alternando entre la contemporaneidad y la revolución, con toques expresionistas-rockero-funkeros que simplemente se salen del común.




A medida que él disco avanza uno no deja de sorprenderse. Salen uno a uno los recursos, las ideas, pasan de un estructura abierta a un blues de forma impecable pero aterradoramente extraña para quien espera algo predecible, sortean los problemas del genero como si no existieran y mantienen en todo momento el interés del oyente, con cambios rítmicos y de intensidad de una a otra canción.




Free Lance Brown, con su increíble y fluctuante feelin’ entre funk y latin, el apoyo de un bajo que da todo el peso necesario y las voces precisas e impredecibles dan el toque final. En Gloria Ascending la mezcla entre la guitarra experimental, el órgano constante y la voz crean una atmósfera fuerte, indescriptible. Slow blues for Fuzy’s mama, Pineapple, 122 St. Marks completan el lado funk neto, el más fuerte, y los demás temas desvarían entre la cordura y la locura.



Según la revista Guitar Player, un Disco de Destino, uno de los más influyentes de los últimos 30 años. Un disco para escuchar más de una vez, y más allá de analizarlo y aprenderlo como disco de estudio, para el disfrute abierto y descarado de aquello que sorprende y emociona.