Tuesday, February 06, 2007

¿Qué es el jazz?
Si vamos a los hechos debo decir que esa pregunta ha rondado por mi cabeza antes incluso de suponer que me internaría en sus raíces con guitarra en mano. La definición de los géneros en los estudiantes se limita, usualmente, a conocimientos enciclopédicos y de revistas a la mano (pocas, en el caso colombiano). Así, uno termina por creer que sabe algo, pero en el momento que te piden un poco más de desnudez y apertura con el concepto te bloqueás, no porque no sepás que decir, sino porque uno siempre desconfía de sus palabras por la falta de tono académico. El jazz, más allá de la necesidad de expresión del esclavo y su nueva relación con la libertad, más allá de ser en sus comienzos una música de baile increíblemente salvaje y sensual para la época, es un estado personal, un compromiso con un sentimiento; la creación de palabras propias y la reutilización de ya existentes para describir las sensaciones y las fluctuaciones internas de ritmo y melodía lo demuestran. Es una música que parece haberse empeñado desde sus inicios en omitir el valor total teórico e, inconcientemente, reemplazarlo por expresiones más viscerales y, por lo tanto, más subjetivas. Hay ítems más puntuales. El uso de la sincopa como constante rítmica, la gran densidad armónica, el desarrollo de estructuras en pro de la improvisación y el virtuosismo de los interpretes son los más evidentes. Sin embargo, siendo aspectos realmente relevantes en cuanto a la intención musical, me parece que distan un poco de aquello que realmente separa al jazz de otros géneros. Para mí el jazz, más que un género, es un desarrollo casi extravagante de las posibilidades que se abrieron a partir de principios del siglo pasado en un panorama mundial que incluía problemas raciales, guerras mundiales y fisuras políticas; es que, en medio de todo esto, una minoría decida expresar lo que ha contenido por más de 200 años de esclavitud, abusos y tristezas; que su aproximación a los instrumentos tradicionales derive en una gran cantidad de “errores” técnicos y teóricos que, tras décadas de discusiones vacías terminen por ser aceptados como una teoría alterna. Ahora, ¿dónde está la magia? Ahí, en el error que se convierte en norma, en el accidente, en la cantidad de intuición que prevalece aún en las líneas más depuradas y académicas del jazz, en la libertad que siente el solista durante su improvisación, en el todo que forman juntos el sentimiento y la razón, esa parte que ha tenido la música desde siempre como polo a tierra para evitar que los desvaríos musicales no nos saquen de la realidad... ¿Qué es el jazz? El jazz es jazz, nada más que jazz.

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