Monday, November 20, 2006

De capuchinos con empanada

Extracto de la novela...



Anoche nos tomamos un café en un sitio equis. De cualquier manera un sitio equis de café en Bogotá es un buen sitio de café, y me llegaron a oleadas esos aromas del café de greca en la Universidad de Antioquia, ese aroma increíble que salía del pequeño vaso plástico que uno maniobraba ya bien más o menos en el segundo o tercer semestre. Los primeros semestres eran un caos, con eternas quemaduras en la punta de los dedos de la mano derecha por el vaso hirviente, y en la mano izquierda, entre el medio y el índice, por la falta de maniobra con el cigarrillo. A eso sumále la carpeta bajo el brazo izquierdo y el morral con mil libros, el almuerzo, un saquito y una sombrilla (el clima sigue siento un misterio en mi Medallo de primavera).


Hablé de eso con Anna, y nació el simulacro de comparación. U de A, Medellín, vs UNal, de Bogotá. Chistes de emancipación, de esa lucha en la que no participamos realmente desde el frente, pero que conocíamos. Al fondo del café, una anciana se sentó con lo que parece ser su hija, una mujer robusta y muy poco preocupada por su apariencia física.


- Me dijeron que’l capuchino de aquí es delicioso…


Esa frase abrió el dialogo siguiente, en el que reparé apenas lo suficiente como para entender: Cumpleaños de la anciana, una familia de un barrio medianamente alejado del café y la hija que hace un esfuerzo por cumplir el deseo de la madre de un capuchino en esa zona. Ambas piden capuchino sin licor y mientras el mesero trae la orden la abuela saca de su bolso una bolsa de papel de la que extrae cuatro clásicas empanadas de las que comía yo en mis desayunos universitarios, con masa de maíz y relleno de papa y carne. El mesero, que pareció entender la situación al instante, sonrió. Creo que sabe que esa anciana podría ser su madre o su abuela y que sí, posiblemente cualquiera de las dos haría lo mismo.


Hablaron de un par de cosas de familia, y mientras escuchaba me sentí ligeramente mal porque Anna podía suponer que no le prestaba atención. La miré de inmediato: tenía la mirada clavada en la abuela de las empanadas y sonreía.

No comments: