Tuesday, October 31, 2006


Supongo que es necesaria una descarga de estas de vez en cuando. La bronquitis se apoderó de mis pulones y ha hecho de este cuerpo una anciano de 80 años, asfixiado, torpe.
Mientras tanto encotré en mis paseos surfeando la web este texto del Sup Marcos y el EZLN. Solo lo pongo, luego hablamos al respecto.


Declaración de principios del EZLN

Es necesaria
una cierta dosis de ternura
para comenzar a andar con tanto en contra,
para despertar con tanta noche encima.
Es necesaria una
cierta dosis de ternura
para adivinar, en esta oscuridad,
un pedacito de luz,
para hacer
del deber y la vergüenza
una orden.
Es necesaria
una cierta dosis de ternura
para quitar de en medio
a tanto hijo de puta
que anda por ahí.
Pero a veces no basta
con una cierta dosis de ternura
y es necesario agregar...
una cierta dosis de plomo.

Thursday, October 26, 2006

Bueno... Fer me pide que le ayude... y como yo ando muy enamorado ultimamente he decidio regar lo que siento por todas partes... asi que aqui va un texto... que le hice a mi novia...

Rojo sobre rojo

Dolor. Una lagrima. Noche bocarriba. Un beso. Una gota. Un espacio infinito. Un paréntesis. Otro beso. Una historia de tu boca en mi boca. De un poco de corazón untado del mío. Un poco de mi corazón en tu mano. Rojo. Blanca piel de soledades colgadas en los ojos. Te quiero. Porque no estas aquí. Porque estas en la distancia suficiente para quererte. En la noche de tu voz. En el sueño de tu piel. De tu belleza. De tu alma desgarrada junto a la mía. Abrazada a mí.


Descarga metafísica...




La última semana me pasado la vida pensando en que será de mí en un futuro. No es una pregunta interesante teniendo en cuenta que futuro puede ser mañana o dentro de una hora. Sin embargo creo que puede prescindir por ahora de pensar más allá de una par de días. Trabajo, toco la guitarra en el bar o en una serenata para Isa el día de su cumple -encargada por el mismísimo Eritis en persona, su novio-, le doy la vuelta a la ciudad y al parque Lleras de cuando en vez cuando salgo de la academia, subo y bajo la calle 10 bajo estos 33 o 35 grados de Medallo a eso de las 2 pm, me meto a mi blog y luego de no sé cuantas horas pegado de la web… no pasa nada. ¿Qué puede pasar si mi vida ahora gira en torno a ganarme unos pesos extra, tocar cuando puedo y Jugar Heroclix de cuando en vez?

Mientras tanto espero, yo, el de los líos metafísicos. Espero porque es virtud esta espera comprometida que defiendo en mis textos. Aunque espero solo porque sé que las cosas van a mejorar. Solo por eso.

Wednesday, October 18, 2006


Funcionalidad de las piedras...


Un hombre que camina por la playa del río de la plata encuentra una piedra que le gusta y la recoge, la lleva a su casa y con ella sostiene los libros de su repisa.
La piedra cumple su función por años, dada a esa mansa entrega que tienen las piedras, hasta que un día ve pasar por su ventana a un tipo de cara larga, sombría. Por alguna razón parecida a la inicial para recoger la piedra supone en él la mirada de quienes asechan. Segundos después el hombre intenta asaltar a una transeúnte pero es detenido por un fuerte golpe de una piedra, por supuesto, en la cabeza.

Funcionalidad de las piedras, de los objetos...
¿De qué servirán todas esas cosas que acumulo en el cuarto día a día?
Quisiera usar la loción que nunca uso en algo así, ese cuadro horrible de la sala, una tabla de mi cama, no sé... lo que fuera, con tal de saber que un objeto inanimado ha hecho algo más que simplemente estar ahí...

Sunday, October 15, 2006


Vení...




Solo por un momento estar por sobre todo… ¿lo has intentado? He estado pensando en la limitación espacial que nosotros mismos nos hemos implantado, y a pesar de saber que las palabras envilecen mis pensamientos, me voy a dar el lujo de intentarlo solo por pensar que no vale la pena desperdiciar la soledad en el café y el cigarrillo y un poco de fobia a la compañía. Porque a pesar de todo yo busqué ésta soledad que me rodea.

Tengo la idea fija de una casa esférica. Una enorme esfera blanca, sin puertas ni ventanas. Solos la esfera y yo en un universo que cuelga perfectamente como el pendiente de unas aretas o el pez de espuma de su cuarto. Imagino un hombre que contempla desde hace un rato mi esfera casa y me habla sobre la posibilidad de subarrendarla y no puedo más que sonreír ante la idea de semejante absurdo. Obviamente alegué que era imposible, que en estos momentos la esfera representaba mi hogar y eso ya era razón más que suficiente, tomando como obvio el hecho que alguien quiera arrendar una casa tan inestable, sin entradas o salidas (porque todos sabemos que son distintas), sin una cama, una cocina, o un servicio de WC al menos decente. Así que tomo la esfera y la hago rodar a un lugar distinto, donde me pregunten menos por lo que pienso hacer con ella. Una vez allí noto que se hace de noche así que, luego de calcular las posibilidades de desplazamiento (no quiero morir bajo mi propia casa) duermo un poco junto a ella, en su lado este, por decirlo de alguna manera. Allí espero el amanecer y que la esfera desaparezca, como todos los pensamientos de café y cigarrillo de los martes por la noche.

He pensado en otras figuras camino a casa, pero me aburren inmensamente… los cubos (mmm, no…) las pirámides y todas esas figuras con tantos y tantos lados y tantas y tantas posibilidades de estabilidad y de entradas y salidas, sin mencionar la enorme imposibilidad para desplazarlas y todo lo demás… So, this days my life have changed… ¿Será cierto acaso que algo a cambiado?, aparte de la tonalidad de la canción que escucho y éste estado de eterna espera comprometida, como la de las estatuas y los faroles de las calles que solo esperan que alguien se pose bajo su luz para ser eternizadas en el instante mismo, como se eterniza en el tiempo la primera resaca de joven en el mismo lugar de la memoria que esa primera vez con una mujer, esa vez que no te gustó pero que sabías que no debías darte por vencido, porque tiene que haber algo más que fluidos y suspiros, y aún la esperás a ella bajo el farol, la respuesta a este estado de Peter Pan y a la soledad aterradora de tu cama, del estudio con su teclado y sus afiches de festivales y que sé yo, que tiene que haber algo más allá de la resaca, y el olor a sexo en las sabanas, ese olor a ella que no se va de tu almohada y de tu cuerpo, y vez sus huellas en el toma de luz que ella misma apagó meses atrás con el dedo de en medio de su mano derecha, como siempre, como si estuviera en su cuarto y no en el tuyo, como si tuviera derecho a repetir su rutina en tu espacio de rutina, y cambiarlo así para siempre con un gesto al aire desde la puerta, mirando a los ojos a Paul y a John en el afiche y apagando luego el interruptor de la luz con el dedo de en medio, con el dedo de medio de su mano derecha, y se tiende imaginaria entre vos y la penumbra como si no fuese ya suficiente la soledad que cargás sin ella, y te hace sentirlo de nuevo, el vacío y ese peso de más entre las manos y que sé yo, que tiene que haber algo más, algo más que la rutina y el ir y venir por los cuartos de la casa cruzando los marcos de las puertas con ese aire juvenil de siempre y de nunca jamás, como quien olvida lo que dijo alguna vez y ahora lo repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, como quien olvida que en ese instante que ella se desnudaba y se metía entre las sabanas a dormirse en tu calor ya no importaban demasiado los problemas del trabajo, y el olvido de las luces de los faroles de la calle y las estatuas y las casa esféricas y no piramidales. Pero en la ausencia no valen de mucho las especulaciones, y el aire denso se torna liviano y dúctil luego del segundo vodka, la medida perfecta para todo, la manera practica de alcanzar el cielo con ella, pero sin ella, sentado en el sofá de la sala.

Ahora falta su cuerpo para completar el círculo que ambos crearon, así que reemplazás su ausencia con el estéreo y el tercer concierto de Rachmaninov para piano y orquesta, que el segundo no los has conseguido aún pero que sabés cuando ir a buscarlo a la tienda de discos del pasaje comercial de siempre… que los programas de televisión que ves a diario son una reafirmación de la estupidez del entorno, la falta de sentido critico y estético en las vainas que van y vienen y que va, que lo que ellos quieren es diálogos sensatos, carajo, no esas incoherencias de nuestra juventud (como si los hubiésemos inventado nosotros, la simbología y el teatro estático, la poesía maldita y la sequía en los ojos de tanto llorar, como si la pesadez en el aire no llevara ya décadas y décadas, y porque no, siglos y siglos…).

Y sabés que la desesperanza no es nueva, que estuvo allí incluso cuando ella estaba con vos. Sabés que es más que la simple disposición de los objetos en la sala y el cuarto, es más que la magia de la ineptitud en la cocina mientras vos lavabas los platos de una cena romántica de la noche anterior y ella luchaba por embutir en un tarro las pasta que había comprado antes de que te levantaras, porque las pastas hay que guardarlas en tarros sellados para que no les crezcan esos bichos que vos sabes. Nada volverá porque nada debe volver, y si lo añorás es solo eso, añoranza. Y si lo extrañás no es más que costumbre y si te angustiás… calma, que al menos es tu angustia y no la suya, porque acordáte cómo te ponía la angustia de ella, esa angustia chiquita y amorfa que se posaba sobre su cabeza, y tenías que sobarla toda la noche para espantarla, para que ella durmiera tranquila a cambio de que vos te desvelaras.

Y si cambia el tiempo, y si la tercera persona de todo esto es ese yo que se hace una casa esférica para no entrar en ella y recordarla, es solo para que nada le toque, para que nada me toque, para que olvide que todo y nada es lo mismo cuando se tiene una casa que rueda con uno y no un ancla gigante, de esas que te atan con grilletes, de esas que te hacen menos libre que ella porque la libertad es la peste, el lujo humano que ahora desdeño y odio, porque no quiero ser libre ahora, porque sí, porque no. Porque hacés falta en el espacio circular que ahora habito desde lejos, en esa esfera blanca que inunda la imaginación y no debería, y no debería porque en ese espacio hueco y luminoso cabrían cientos de miles de ideas bonitas y rosadas, y no verdes como la sensación que tengo ahora porque vos disfrutás de la libertad y yo me encierro en este lugar tan vacío, tan lleno de vos pero sin vos. Vení, que te envidio. Vení, que haces falta.

Wednesday, October 11, 2006


Juliette y el vacio


Desde el mismo momento en que entró al apartamento supo que las cosas eran ya materia del pasado, pequeñas colisiones cósmicas de nada con nada, polvo de recuerdo y nada más.

Las horas, con su pasar lerdo, habían hecho de Cecilia un manojo de principios de historias inconclusas, un pedazo que sin las demás piezas del engranaje no es más una burla al mecanismo.

Su vida, anuncio de distancia y recuerdos fugaces, de pequeños rayos que, a pesar de fugarse de una estrella en la inmensidad, no eran precisamente el eco de la grandeza del universo, de esa grandeza que ella no compartía, porque a pesar del ser parte del todo, no era mucho en realidad.

Miraba fijamente el cristal, y tras el cristal, desenfocadas, estaban las formas que creía conocer de ese mundo que hizo suyo por un tiempo y ahora se le iba de las manos. Veía como corría, como se hacia mundo en sus acciones solo por el hecho de ignorarla, como ratificaba que la existencia no estaba ahí por ella, como giraba una y otra vez ahora como lo había hecho desde siempre, desde esa eternidad antes de su nacimiento. No era necesaria, allí, apoyada contra el vidrio de su apartamento. No era necesaria.

Podía hacer un esfuerzo, entrar. Deberíamos caber todos, se dijo, todos sin exclusiones. Pero era ella quien se había excluido, era tan claro. No había sido Daniel cuando la dejó, ni su jefe cuando la trasladó a Santiago en pleno invierno. No fue ninguno de los que la ignoró en la ciudad, tampoco quienes intentaron integrarla.

Mientras abría la ventana pensaba en delfines y en la tienda de su barrio, pensaba en todo lo que perdía y en todo lo que ganaría, en lo triste que es el golf para quienes lo ven y en su madre. Pensaba en esa mañana en el Ferri rumbo a Colonia, en el mate que nunca digirió y en el café, sobre todo en el café. Pensaba en hacer de sí una guerrera y afrontarlo, en jugar golf como su padre y no en verlo jugar a él. Pensó en días de verano lejanos, en su oficina, en que había olvidado siempre el nombre del conserje en el trabajo. Pensó en Daniel y luego, sin pensar más, se dejó caer.

Nadie preguntó quien era durante el levantamiento. Ni el portero la reconoció. Se estrelló de frente contra el mundo, murió con la imagen del vació grabada en la pupila.

Monday, October 02, 2006

De culpas literarias y tangueras


Todas las teorías que hay a mi alrededor sobre la relación espacio-temporal no son más que eso, teorías. Es absurdo, pero cierto, y eso tampoco es nuevo. Nada es nuevo, tampoco las historias de enfermeras -por eso no profundizo-, y por instantes miro la pantalla entre los parpadeos como queriendo encontrar la ruta que me lleve a la coherencia. Siempre desisto. Cansa un poco la filosofía barata, cansa. El problema y la ventaja en uno solo. La teorización sirve como catalizador. En medio de la marea anárquica de pensamientos siempre hay algo que rescatar, punto a favor. Luego viene la depuración, y uno se aburre barriendo de a pocos el texto, como queriendo que las cosas estén mejor dichas, como diciendo, “hay que pulir, hay que pulir”.

Releo… ¿Pulir? A la mierda la estética del hacedor-de-perfectos. Para mí el punto real, el meollo del asunto, está aquí, en la búsqueda, en el camino, en la ruta, en lo no-decantado, en lo no-terminado. No se cuenta una historia completa, las elipsis de las historias no llevan a nada concreto en el plano narrativo. Nada parece enlazar. Demasiados desvaríos, demasiados. El personaje se describe desde adentro, no desde afuera. Se describe desde lo que piensa de sus acciones, no desde sus acciones mismas. La relación con los demás se hace clara en su ausencia. No hay líneas temporales que respetar. No hay espacios precisos para nada, no hay “un lugar” para los textos dentro del libro, sino una infinidad de combinaciones que nacen de la misma ausencia de linealidad. Así es como sucede, y faltan cosas, y hay agujeros, y alguien empieza a odia a otro sin una aparente razón, y puede que luego lo sepamos y puede que no pero la verdad es que lo importante ahí es el odio y no la razón. Literatura de vida, literatura anti-literatura. No destructiva, no anti… momento, suena agresivo. Así Piazzolla no era anti-tango, pero lo destruyó para darle de nuevo un significante, más allá de la comercialidad y la realidad de que hasta a Hitler le gustaba el tango… y como no, si era humano a pesar de... bueno, no sé. Sigo, lo que pienso está más relacionado con la anti-cultura, supongo, pero no mezclemos conceptos, tomémoslo con soda que si no, sabe a mierda.

Puedo crear perfectamente un texto de taller literario, una composición sobre la vaca para mañana y luego de final una novela (frase de Edgardo Lois durante una charla en Buenos Aires, copy right… de cuando en vez lo que haré será reconstruir pedazos de conversaciones con él sin tomar en cuenta quien dijo qué; no es facilismo, es falta de memoria).

Así mismo puedo perfectamente desvariar y toparme con la literatura en la sonrisa de una linda abogada en el bar Escobar Rosas una de esas noches de bienvenidas y aguardiente… es así, supongo.

La literatura de principio y fin, de orden, de planteamiento-nudo-desenlace, es totalmente valida si querés vender a amas de casa que aprendieron a leer para descifrar las etiquetas y las recetas que les dejó la abuela, la literatura de los hijos de esas madres que nunca tuvieron un libro en casa, esa la literatura que alguien pidió alguna vez en una librería de Buenos Aires con una sola necesidad, que no la hiciera pensar de más. Lindo, ¿no?

Y uno dice, bueno… este tipo vendió siete-millones-de-copias de ese librito nuevo, leámoslo. Y luego de la página quince querés un trago, no, necesitas un trago. Para mediados del libro te decís, “qué perdida de tiempo”, afortunadamente no lo compraste, te lo prestaron. Ese mismo día lo devolvés tras leer la última página. Literatura sin culpas para no culpables. Te pasás el libro entero asumiendo que la mala suerte del personaje es una cuestión mental y que esa grandísima cagada que hizo era necesaria, que hay que ser egoísta a veces. Y bueno, cerrás el libro siendo feliz. No hay que asumir el mundo. Es la ley. Y para cuando cruzás la calle simplemente no bajás la mirada porque el mendigo anciano no es tu culpa.

Sunday, October 01, 2006


De plantas y otras cosas vivas






Si las cosas pasan, pasan. Si no, no.

Es tan fácil dárselas de racional que uno llega a creer que la vida es así. Punto.

Si llueve las plantas se hidratan. Si no, se secan. Si llueve el humano se enferma. Si no, también, por lo de las plantas. Aquí empiezan los juicios diminutos. El limón es bendito, como dice mi abuela, para una y mi cosas. Yo no lo tolero, tengo gastritis. La leche alimenta y aporta el calcio necesario para evitar la osteoporosis. Yo no la tolero, tengo sensibilidad a la lactosa. El agua es saludable, claro. Yo la odio, no sabe a nada.

Las razones para encontrar en las relaciones vitales con el mundo algo que trascienda son muchas, pero… ¿Qué pasa si simplemente la trama se hace densa a cada segundo? ¿Qué pasa si el nylon se enreda del lado de la vida en cada rama de la orilla, y nos pasamos la vida deshaciendo nudos en vez de prestar atención a la carnada?

Dejamos pasar el pez gordo frente a nuestras narices y no valen las trampas de limón, leche, agua o lluvia.

La sensación que se tiene ante cada imagen femenina que se cruza en tu vida es ¿hago lo correcto dejándola ir? ¿Hago lo correcto reteniéndola? Uno no descansa nunca, y vaya a saber si la estabilidad lo haga descansar. Yo la verdad, prefiero seguir pensando en el limón.